Sueño 5
Este sueño que contaré en líneas próximas o subsiguientes y que no fue ni es feliz, (aún no se extinguió) no debería permanecer grabado en la memoria de mi cerebro después de su ulterior revelación. ¿Existe algún ser humano masoquista que desease convivir con un sueño perturbador y llevara su recuerdo consigo a todas partes a las que fuese, bajo todas las instancias materiales del día, continuadas o interrumpidas, con saltos temporales o sin ellos, sin experimentar la menor molestia o incomodidad en el envase del alma y en el espíritu? ¿Qué sujeto se mostraría tranquilo, compartiendo un semblante ecuánime con el peso molesto del tal lastre?
El sueño fue breve; pero su duración fue suficiente para que se prolongase y fuese recordado luego de que mi cuerpo despertara.
Como he dicho; no debería continuar su intrusa existencia circunstancial en mis sanas neuronas; ni mucho menos dejar en las cuidadas circunvalaciones cerebrales ni la más exigua muesca.
Haré, (en verdad ya inicié el pŕoceso) el “dump” o volcado liberador ("release") en esta red monstruosa a fin de que se pierda en ella, y con el objeto firmemente deseado de sacármelo finalmente de encima cuanto antes.
De pronto yo estaba sentado en uno de los asientos traseros del vehículo, coche o auto, o como prefieran ustedes llamarlo. Cada cual toma eventualmente la referencia que mejor se adecua a su visión general y que le resulta más beneficiosa. Obtengan la suya ustedes.
Los asientos eran de color marrón y de cuerina bien lustrosa. Mientras yo soñaba, o desarrollaba mi existencia sin saber que yo estaba dentro de un sueño, pude conjeturar que viajaba en una limusina.
Las dimensiones especificas o particulares más una separación medial (negra, sólida y gruesa) entre el chofer y los tripulantes evidenciaban este tipo de vehículos.
Yo estaba sentado en un asiento izquierdo. Y en el asiento derecho había un sujeto gordo, vestido con un traje de color negro. No recuerdo los rasgos de su rostro. Sólo recuerdo que era gordo; y puedo con gusto añadir el detalle de que sus ojos estaban cubiertos con anteojos negros.
Él miraba atentamente al individuo que viajaba a su lado sin perderlo de vista, a tiempo que de soslayo le hablaba secretamente sin distraerse de su deleznable tarea. Y para que no fuese tan obvia su vigilancia o monitoreo, (vanamente, sí, pues yo sabía su función ominosa), de cuando en cuando miraba hacia otra dirección con mal actuado disimulo.
No había intercambio de imágenes acústicas, (léase a Saussure), entre los tres que en la limusina
viajábamos hacia un sitio ignorado por mí. Lo ignoraba; pero en mi favor asistido intuía que no
sería desventuroso ni que desembocaría en puerto malo.
¡Al Cielo gracias, no me falló mi depurada intuición!
¡Cielos santos! En el medio estaba ella, cuya nefaria presencia muy lejos de nosotros debería estar.
Abrió su aparato fonador y me dirigió, pegada a mí, fonemas inaudibles. Ciertamente inaudibles para
mis oídos. Aunque el mohín de su cara no era hostil ni amenazante, no quise ver, y lo evadí
habiendo usado, quizás, elevados recursos que olvidé.
¿Personaje literario, histórico, actual ser, o simbolismo de la psique…?
Naveguen en la imaginación bien dirigida si es que aún no la han perdido.
Ejerzan la intuición, úsenla sin escrúpulos. A no ser que deseen quedarse con la duda.
¡Gracias a Cristo mi experiencia en el sueño concluyó bien!
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